— Desde lo más bajo, hasta la cima...

Vivió en Roppongi hasta la edad de quince años, en su cumpleaños escapó de casa junto a su madre quien le dio con un tubo por la cabeza al único monstruo que los tenía cautivos. Tomando sus papeles legales, dinero, ropa, comida y subiendo a la Honda Shadow que Magito pasó durante un año arreglando, huyeron a Shibuya, lugar donde actualmente viven.
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Contrario a toda su infancia, Magito desarrolló una personalidad energética e incluso irritante. Intenso en todo sentido e incapaz de rendirse con lo que desea obtener o alcanzar. Es irracional e impulsivo, su humor cambia radicalmente dependiendo de factores externos.
También es coqueto, tirará insinuaciones a todo aquel que le interese, sin embargo, huye como perro asustado cuando le regresan las jugadas... Pero su interés romántico es difícil de alcanzar debido a su tendencia a se monógamo en dicho sentido.
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ㅤㅤ• Nació en lo más bajo de los barrios de Brasil, su madre era una mera prostituta que cayó en la trata de blancas para sobrevivir y llegar a Japón.
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Un padre abusivo y una madre que luchó entre lo que se le fue posible protegerlo, ese ambiente familiar acogía a Magito desde sus cinco años, sin saber hablar el idioma nipón o entender el por qué este hombre que se hace llamar su padre lo lastima tanto, se adaptó y desarrolló una aceptación a los golpes y abusos con tal de mantener a su progenitora lejos de más sufrimiento.
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El dolor le fascina y le divierte hasta cierta medida, al igual que el sabor metálico de la sangre (tanto suya como de otros), sin embargo, el afecto proveniente de personas no cercanas descompone sus defensas y se paraliza, al igual que, retirar el parche de su cara despierta un estado histérico y psicótico en su persona con el que nadie quiere lidiar. Solo tres cuatro personas lo paran en dicho estado: Su capitán, vice-capitán, Kiyoko y Kosei.
💜Magito's loves!!!
4th Division
His mom
Animals in general
Kosei
Pain and blood
Fight and BITE
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EXTRA!!!
Tiene heterocromia, heredado de su padre, sin embargo, está ciego de dicho ojo desde los 10 años.
Posee una cabeza dura, literalmente. Puede recibir varios golpes con un tubo antes de perder la conciencia.
Tiene múltiples trabajos. En una tienda de conveniencia, hace encargos en su escuela, vende pulseras y también cobra por golpear clientes problemáticos y acosadores en burdeles.
En Roppongi se peleó mínimo diez veces con los Haitani, perdió cada una de ellas y con los huesos rotos.
Tiene claustrofobia, pasar una hora en un lugar cerrado y oscuro lo hace entrar en pánico.
Le tiene ganas a toda la pandilla, no lo oculta.
Venda sus manos llenas de cicatrices y con los nudillos salidos, producto de romperlos por cuenta propia para generar dureza e insensibilidad.
Muerde al pelear, también adora hacer llaves con las piernas y asfixiar en el proceso. (Podría romperte el cuello, pero no lo hace)
Lo confunden con una chica, pero posee la suficiente fuerza para romperte la nariz de un solo golpe.
Tiene estómago fuerte, se ha comido muchas cosas que no son comestibles
❌Magito's H A T E S!!!
His dad
Abusive men
Take off the parch
Himself
Haitani's and Roppongi
Rain
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!!!EXTRA
Entró a ToMan mediante a los gemelos Kawata. Básicamente lo recogieron de la calle luego de casi morirse por detener un asalto a una mujer.
Tiene complejo de perro y está orgulloso de ello.
Encuentra divertido a los que tienen problemas de ira o son muy serios.
Su gargantilla se la dio Nahoya tras llamarlo textualmente « El perro del cuarto escuadrón »
Tiene alrededor de doce perforaciones. Dos en el labio, una en la nuca, cuatro en las clavículas, justo debajo del pecho, en el ombligo y los tres restantes los descubres si te lías con él.
Es blando con las mujeres e incapaz de golpear una, por sus principios y experiencias en Brasil.
Tiene un medio hermano, pero no lo sabe.
Le asusta pisar Roppongi otra vez al no saber si su padre sigue vivo y quiere venganza, se paraliza al verlo debido a que nunca fue capaz de ganarle una pelea.
Con el punto anterior, aprendió a pelear debido a sus constantes peleas con el.
Vive solo con su madre en un apartamento muy pequeño.
𝚃𝙷𝙴 𝕭𝙴𝙰𝚂𝚃 𝙾𝙵 4𝚃𝙷 𝙳𝙸𝚅𝙸𝚂𝙸𝙾𝙽

Shibuya es un territorio peligroso de noche, su cabeza lo tenía asimilado desde el día que pusieron un pie en su complejo de apartamentos modesto. Viendo por la ventana podía encontrar a delincuentes juveniles meterse en estragos y romper algunas cosas en la calle.
El aroma a peleas inunda sus fosas nasales y la necesidad de golpearle la cara a otros individuos hace que le pique la piel de sus nudillos recién sanados de las últimas cicatrices que él mismo se ocasionó tras golpear sin piedad una pared hasta romper la piel de sus manos.
Creen que está demente, pero así es como genera dureza e insensibilidad en los nudillos.
Sin mencionar que la adrenalina de las peleas hace que se sienta de una forma especial, emocionado... ¡Vivo!, Es como una droga adictiva que su viejo le ofreció en bandeja de plata hace varios años.
Pero la adrenalina y deseos de pelear pueden ser una daga de doble filo. La fuerza no siempre será lo que te haga ganar una pelea callejera, lo sabe bien luego de que los reyes de Roppongi le rompieran los huesos tantas veces en el pasado...
Al cielo miró con su único ojo funcional, la lluvia le empapa la ropa y limpia la sangre que se escurre de entre sus labios rotos y su nariz magullada. Se metió con unos tipos que robaban a una mujer de unos aproximados veinte años.
Le dieron una paliza que lo dejó tirado en el piso como una estrella de mar.
Sus costillas duelen a mares y el mero intento de respirar resulta una tortura que no quiere tolerar, pero, no hay lágrimas que salgan de su ojo amarillo que parece perder vida a cada segundo que pasa.
— Ah... Este dolor no se siente bien...
Musitó al aire. Su párpado cayó rendido ante el cansancio y el dolor. Se da por satisfecho ya que la dama corrió lejos y con sus pertenencias, libre de cualquier daño, así que no se arrepiente del todo el haberse metido en un lío a altas horas de la noche.
Se siente desvanecer, su cabeza tiene imágenes desagradables de su progenitor sujetando con fuerza su pequeño cuello... O azotando su cabeza contra el suelo mientras inútilmente trata de regresarle los golpes.
Magito siente la ira que carcome su interior, pero es incapaz de siquiera mover sus dedos extendidos y magullados.
Hay pasos a la lejanía, también unas voces. ¿Regresaron para terminar de matarle? Que desgracia.
La punta de un zapato le golpea un costado y rueda por el suelo hasta encogerse sobre su propio cuerpo, escupe sangre y el sabor metálico le inunda desagradablemente la boca... Más es placentero, es dulce, según su trastornada cabeza.
— Are, está vivo...
— Te dije que no lo patearas, ¡Podría estar herido!
— Por como no se molesta en levantarse, tal vez sea así.
La sonrisa de un individuo se presenta frente a sus ojos. Está protegido por un paraguas, algo envidiable.
Al estar agachado a su nivel, puede observar sus ojos que permanece cerrados, los dos aretes en su oreja y la esponjosa cabellera de color melocotón en su cabeza.
— Ah.
A su lado, hay alguien idéntico, mas sus ojos se abren como platos y el cabello es del color azul más bonito que ha visto en su vida.
— Tenshi...-chan...
Magito balbucea, sonriendo al individuo azul.
— Creo que delira.
— Normal, debe llevar como una hora bajo la lluvia y herido, tal vez le dará hipotermia... ¿Y si lo llevamos con nosotros?
— No sabemos por qué está así, Souya, podría ser un ebrio o algo.
Magito masculla.
— Evité un robo... Heh... Perdí.
Sonríe adolorido, sus ojos pesan demasiado y las siluetas de los gemelos se le hacen tan borrosas... Su diestra estiró al aire en un quejido y expresa una súplica que nunca pensó decir en voz alta.
— Por favor... Duele... Ayúdenme...
Tras aquello, simplemente cayó inconsciente.
Al despertar, su ojo solo observa un techo en blanco. ¿Dónde estaba? No lo sabe. De golpe se sentó para sentir el inmenso dolor de los golpes en su abdomen, sin embargo, hay algo que le mantiene alerta más allá del dolor físico.
Su parche no estaba. La luz golpea su ojo que no sirve y es molesto, le exaspera la sensación de no poder ver nada más allá del vacío. Hiperventila. Su cuerpo se olvida del dolor y busca con desespero poder cubrirse el ojo dañado. Se cae de un sofá y golpea sus rodillas con el piso, las palmas tapan el bello color azul apagado de su ojo derecho y con horror está viendo el marco de la puerta en el que se encuentran los dos gemelos.
— Vaya, hombre, no sabía que el parche era tan... Necesario para ti.
— Lo puse a secar, lo siento, aquí tienes.
El gemelo azul se acerca con cuidado. Magito en su estado de shock le permite quitar las manos de su cara y acomoda el parche sobre aquel ojo herido y sin sanación. El pelimorado observa incrédulo la gentileza de aquellos que le salvaron de la fría calle y la lluvia, sanaron sus heridas y ahora le estaban cubriendo de uno de sus mayores temores.
Se sintió protegido y en casa.
Se inclinó hasta pegar la frente del suelo, un gesto de la más humilde gratitud ante aquellas personas que ni siquiera conoce de nombres.
— Gracias... Creí que iba a morir ahí afuera...
— Hyahah, posiblemente, pero Souya fue muy bondadoso y me convenció de traerte. ¿Puedes levantar la cabeza? No deberías inclinarte así.
— Lo siento...
Con pena se alza y endereza la espalda.
— ¿Quienes son?
— Somos los gemelos Kawata, Smiley y Angry, así suelen llamarnos.
El peliazul contesta con calma. Nahoya se acerca y pasa los brazos por encima de los hombros de su hermano.
— ¿Pandilleros?
— ¡Fácil de adivinar! ¿Y tu quién eres?
— Magito... Pero, en Roppongi me llamaban "Komainu"
— Eeh~ ¿No son esas las estatuas de los templos? ¿Eres un guardián o algo así?
Magito asintió a Smiley, este solo sonrió con más insistencia y se levantó de su sitio para buscar algo en su habitación. Regresó con una gargantilla que puso con cuidado en el lastimado cuello de Magito.
— Los perros guardianes llevan collares.
— ¿Eh?
— ¿Qué pasa? ¡Ahora eres nuestro perro! Es un buen pago por salvarte el culo de aquel callejón, ¿No crees? Además, debes tener unas agallas increíbles si interfieres en un asalto.
Magito no está entendiendo lo que ocurre. Consternado observa a Souya quien solo se encoge de hombros. La diestra del gemelo menor se estira y despeina sus propios cabellos morados.
— Tal vez podría ayudar en el escuadrón si le adiestramos bien.
— ¿Crees que a Mikey le agrade?
— Yo creo que sí, todo depende de cómo se comporte.
El contrario no entendió absolutamente nada de lo que estaban hablando, pero por alguna razón no tenía ninguna forma de refutar o negarse, porque no quería principalmente.
Quería estar al lado de estos dos seres que le salvaron la vida y eso iba a hacer, incluso si significó el meterse en una pandilla juvenil de motociclistas
